miércoles, 20 de mayo de 2009

MVM (VIII). Cruising en el puerto

Me puse a comerle el rabo con gran dedicación y al final logré una merecida recompensa. Su leche estaba calentita y espesa.


Merodear por aquellos baños públicos me asustó un poco y empecé a dejar de ir por allí. No obstante había otros sitios donde podía ir y esconderme para espiar sin ser visto. Un lugar ideal era el puerto donde detrás de un contenedor podía observar como toda clase de tíos se lo montaban allí mismo.



Pronto mirar para mí no era suficiente y empecé a participar en aquellas orgías múltiples. En aquellos días disfrute mamando pollas de todos los tamaños y colores. Me encantaba ir al puerto por las noches, hasta que mi madre se casó con el empleado de una gasolinera y mis salidas hasta altas horas de la noche se acabarón drásticamente.



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